Otra vez en Colombia, pasando controles de estupidez. Sé que me repito, pero es que las historias en estos aeropuertos son lo que son y me gusta explicar lo imbéciles que pueden ser estos controles.
En primer lugar, en la cola del checking me para un policía para hacer las preguntas de siempre. ¿Cuánto tiempo llevo en el país? ¿Qué hago aquí? ¿De qué trabajo? ¿Qué maletas llevo?... etc…
Siguiente paso, control de seguridad que son unos cuantos en uno mismo.
Antes de pasar por la máquina detector de peligrosidades como un encendedor, me registran las maletas con exactamente las mismas preguntas. Y van dos.
Paso por la máquina y el señor uniformado del otro lado hace un registro más exhaustivo de mi mochila. Olfatea mi bolsa y el computador con su preparada nariz anti-coca o ante-goma2. Decide que hay algo en mi compu, así que se sienta a olerla con más calma. El perro que hay a su lado lo mira, como diciendo, pero si para eso estoy yo y mírame lo tranquilo que estoy aquí sentado.
El uniformado decide pasar por la máquina dos veces la compu y está contesta lo mismo, “eres imbécil”.
Decide desmontar la batería de la compu y sigue con su olfateo. Me he acordado del libro “el perfume” y he pensado si matara la compu para quedarse con su olor.
Casi lo hace, pues no es capaz de volver a ponerla en su sitio.
Siguen las preguntas, las mismas con otros tonos. Yo cansado de mirarle el careto.
Finalmente logramos entre los dos y un pasajero que venía detrás y que llevaba ya un rato con un ataque de risa ya que ahora le esperaba su computador y explicaba que hacía dos años que no sacaba la batería.
Me dio una idea y yo ofrezco esta opción para cualquier humano que pase por Colombia. Poner el peor olor posible en vuestros enseres, algo que sea tan fuerte como para que el del uniforme se vaya cagando ostias a casa…
Logro pasar esta parte del control.
Unos 10 metros después hay una uniformada que me hace las mismas preguntas. No aguanto y le digo, llevo por aquí más de una hora contestando quien soy ¿Qué no me conocéis ya?. Me mira enojada y me dice “tendrá que pasar un control de narcóticos”. Me rio, pues ya los conozco y estos métodos son solo para joder, pues estoy convencido que quizás, en 1829 encontraron una bolsita de coca. Como si el tráfico de drogas fuera a pasar por aquí.
Me acompaña y me toca la espera a que termine un señor vasco con el rio con contundencia delante de 4 uniformados que le controlan. ¿El motivo?. Después de pasarle por los rayos xxxx, le han visto un bultito por el colon o culo. El señor les explica que le hicieron una colonoscopia ya que se lo detectaron y quisieron descartarle que no fuera algo malo. Por suerte para él, no debía de preocuparse. Lo que no sabía es que el bultito, que según el señor hace menos de 1 centímetro es el móvil para que la inteligente policía aeroportuaria dedique todo su esfuerzo en pensar que con este sr. Vasco, de más de 50 años, acaben con el narcotráfico del país.
Una uniformada le contesta “como le han realizado esa prueba (colonoscopia) y no trae un comprobante de ello”. Para entonces ha llegado otro cliente peligroso, como el vasco y yo. Los tres escuchamos el comentario y empiezan las risas.
Los sabuesos de la droga no deben ni entender porque ya que estoy seguro que no saben que es una colonoscopia, aunque eso sí les gusta dar mucho por culo como la hace la misma prueba.
Mientras tanto uno me va tomando datos, me toma las huellas, firmo el contrato de revisión,,,,
Me pasan por el escáner rayos xxxxx y por suerte no han encontrado nada. Aunque no lo entiendo porque hacía una hora que me había metido dos donuts de chocolate buenísimos.
Antes de salir, las mismas preguntas. Los demás, incluido el sargento sabueso de la droga, al que han llamado para tan peligrosa actividad, miran la pantalla con la pelotita del vasco. Le dicen que pase otra vez, pero a mí ya me dicen que siga.
Me quiero quedar por chafarderismo puro, pero mi vuelo sale. Estos inútiles me han tenido como hora y media mirando mi única mochila y mis donuts.
El señor vasco se queda, pero lo veo más tarde en el avión, con su pelotita peligrosa bajo el vientre.
Aún me queda el último control, el del sello. Mismas preguntas. Cierto que a veces no sé qué contestar, ya que si les digo que no trabajo y que solo viajo con una mochila de 7 kg, seguro que soy aún más sospechoso. Así que siempre digo que soy agente de viajes y que estoy de vacaciones. Lo hago, desde que una vez dije que era torero y otra bombero y parece que no les gusta tanto.
Por fin en el avión.
Adiós Colombia, país donde el que no toca niños es un raro. Donde el que no viola, es poco hombre y donde la estupidez está por encima de todo.
Su lema de “el peligro de ir a Colombia es a querer quedarse”, se confirma, pero por motivos no voluntarios. Si te quedas es por la retención que te hacen los sabuesos inútiles.
En su defensa, soy consciente que son órdenes, pero lo del olfateador, la colonoscopia y las preguntitas, son de risa que en el momento son de auténtico asco.
lunes, 19 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Las esperas...
Cuando sabes que llega el momento o que tienes que irte o que ya se acaba....el tiempo se hace largo. Tanto como hasta parecer que te sobran los días. No caeré en esa trampa y trataré de aprovechar todo lo que pueda, aunque la terribilización este presente.
Bolivianos...
Que injusto es generalizar o encasillar a un colectivo en unas pocas características, así que no quiero hacerlo, pero si quiero explicar, después de muchas situaciones vividas, como pueden ser, al menos, con alguno-a con los que me he topado.
El ritmo “latino” es diferente al nuestro y después de muchos meses por aquí, he aprendido a tener la justa paciencia para tomar las cosas “a bien”, además que sin prisa es mucho más fácil.
Ahora, puedo decir, que parte de los Bolivianos y Peruanos parece que no saben trabajar o al menos no es algo para lo que estén preparados. No pretendo ofender, solo digo que el médico no puede practicar la carpintería, el carpintero no puede hacer de abogado y el abogado difícilmente será agricultor. Claro que con todo hay aprendizaje y gente que parece ser enseñada, pero por lo general nos preparamos para algo concreto y el Boliviano y peruano no está preparado para hacer trabajos, sobre de todo de servicios o serviciales.
He pasado por diferentes situaciones que así me lo confirman y de una forma resumida voy a explicarlo.
En un restaurante concurrido de Santa Cruz, pido una cocacola y antes de traérmela, pido el cambio por un zumo y la contestación es “ya está anotada y no se puede cancelar”…
En otro restaurante de Potosí, en la calle principal, pido un café con leche. Pido unos espaguetis que tardan más de 20 o 25 minutos en ser servidos. Pido una cocacola que enseguida anulo. El resumen es que el café con leche, llegó sin leche. Los espaguetis además de estar malísimos cobran de más y la cocacola, sin abrir y aputanda en una nota no se puede anular. Me quejo a la camarera y además de las malas caras, recibo contestaciones como “ es que quieren pagar menos”.
En otro restaurante pido unos nachos con queso. Los traen con guacamole. Me quejo, se llevan el plato y traen los mismo nachos, ahora limpios y mojados por su limpieza, con queso. Me vuelvo a quejar y dicen que ellos no hacen eso, pero los restos del guacamole están presentes y aún con la evidencia lo niegan. Desaparecen de mi vista, por no saber solucionarlo.
Quedo con un barbero, precio acordado de barba y pelo. Me corta el pelo, me pasa la “máquina” por la barba y me cobra el doble, ya que me ha realizado pelo y barba. Le digo que al menos me recorte la barba con cuchilla y con mal genio contestan “que él no hace eso”.
En un bar pido dos copas. Una tiene un dedo de líquido y la otra tres, lo normal. Me quejo y contestan con mala cara que esa es la “medida”. Pongo un vaso al lado del otro, para que la “foto” hable por si sola y no parece entender nada.
Puedo explicar muchas situaciones similares en no muchos días de estancia. Desde luego, son países maravillosos, para disfrutarlos, vivirlos, sentirlos, pero para “vivir”, para “entender”, son difíciles. No soy un pijo, al contrario, con cada día que pasa tengo menos exigencias, pero como decía, no se puede jugar a ser médico sin tener preparación para ello.
Ahora entiendo a mi sobrino, cuando coincidía en su trabajo con ellos y me decía, “puf, ya la hemos liado”. Como le discutía y ahora veo “cuanta razón tenía”.
Siento parecer desprecio, no lo es. Entiendo que hay personas que deben hacer lo que saben hacer y muchos de ellos son grandes trabajadores en lo que repito, saben hacer.
El ritmo “latino” es diferente al nuestro y después de muchos meses por aquí, he aprendido a tener la justa paciencia para tomar las cosas “a bien”, además que sin prisa es mucho más fácil.
Ahora, puedo decir, que parte de los Bolivianos y Peruanos parece que no saben trabajar o al menos no es algo para lo que estén preparados. No pretendo ofender, solo digo que el médico no puede practicar la carpintería, el carpintero no puede hacer de abogado y el abogado difícilmente será agricultor. Claro que con todo hay aprendizaje y gente que parece ser enseñada, pero por lo general nos preparamos para algo concreto y el Boliviano y peruano no está preparado para hacer trabajos, sobre de todo de servicios o serviciales.
He pasado por diferentes situaciones que así me lo confirman y de una forma resumida voy a explicarlo.
En un restaurante concurrido de Santa Cruz, pido una cocacola y antes de traérmela, pido el cambio por un zumo y la contestación es “ya está anotada y no se puede cancelar”…
En otro restaurante de Potosí, en la calle principal, pido un café con leche. Pido unos espaguetis que tardan más de 20 o 25 minutos en ser servidos. Pido una cocacola que enseguida anulo. El resumen es que el café con leche, llegó sin leche. Los espaguetis además de estar malísimos cobran de más y la cocacola, sin abrir y aputanda en una nota no se puede anular. Me quejo a la camarera y además de las malas caras, recibo contestaciones como “ es que quieren pagar menos”.
En otro restaurante pido unos nachos con queso. Los traen con guacamole. Me quejo, se llevan el plato y traen los mismo nachos, ahora limpios y mojados por su limpieza, con queso. Me vuelvo a quejar y dicen que ellos no hacen eso, pero los restos del guacamole están presentes y aún con la evidencia lo niegan. Desaparecen de mi vista, por no saber solucionarlo.
Quedo con un barbero, precio acordado de barba y pelo. Me corta el pelo, me pasa la “máquina” por la barba y me cobra el doble, ya que me ha realizado pelo y barba. Le digo que al menos me recorte la barba con cuchilla y con mal genio contestan “que él no hace eso”.
En un bar pido dos copas. Una tiene un dedo de líquido y la otra tres, lo normal. Me quejo y contestan con mala cara que esa es la “medida”. Pongo un vaso al lado del otro, para que la “foto” hable por si sola y no parece entender nada.
Puedo explicar muchas situaciones similares en no muchos días de estancia. Desde luego, son países maravillosos, para disfrutarlos, vivirlos, sentirlos, pero para “vivir”, para “entender”, son difíciles. No soy un pijo, al contrario, con cada día que pasa tengo menos exigencias, pero como decía, no se puede jugar a ser médico sin tener preparación para ello.
Ahora entiendo a mi sobrino, cuando coincidía en su trabajo con ellos y me decía, “puf, ya la hemos liado”. Como le discutía y ahora veo “cuanta razón tenía”.
Siento parecer desprecio, no lo es. Entiendo que hay personas que deben hacer lo que saben hacer y muchos de ellos son grandes trabajadores en lo que repito, saben hacer.
De Potosí a Uyuni
Potosí
Cuenta la leyenda, que no lo es tanto, que de Potosí y de las minas de México, salía el 99% de toda la plata del mundo...y sigue dando plata, pero claro a otro ritmo y de otra manera.
La montaña es un auténtico laberinto por su interior. Peligroso y con trabajos durante las 24 horas del día, es un sin parar.
Los madres indígenas mataban a sus hijos con el fin de que no trabajaran en la mina y con eso creo que poco más hay que decir.
Para llegar a Potosí se puede llegar en bus o en taxi (económico) desde Sucre. El paisaje, siempre por los 4000 metros de altura es precioso y la carretera, aunque sin muchas topes de seguridad, es viable.
La ciudad tiene vestigios de lo que fue. Un montón de iglesias y edificios coloniales. Calles adoquinadas y alguna peatonal.
Cuidado con el mal de altura, que aquí ya vamos tocando techo y el dolor de sentir el bum, bum dentro de la cabeza se hace notar. Comidas ligeras, agua, movimientos "lentos" y poco alcohol...y si no,,, aquí ya se puede a tomar coca o en su defecto algún remedio para el mal de altura.
La montaña es un auténtico laberinto por su interior. Peligroso y con trabajos durante las 24 horas del día, es un sin parar.
Los madres indígenas mataban a sus hijos con el fin de que no trabajaran en la mina y con eso creo que poco más hay que decir.
Para llegar a Potosí se puede llegar en bus o en taxi (económico) desde Sucre. El paisaje, siempre por los 4000 metros de altura es precioso y la carretera, aunque sin muchas topes de seguridad, es viable.
La ciudad tiene vestigios de lo que fue. Un montón de iglesias y edificios coloniales. Calles adoquinadas y alguna peatonal.
Cuidado con el mal de altura, que aquí ya vamos tocando techo y el dolor de sentir el bum, bum dentro de la cabeza se hace notar. Comidas ligeras, agua, movimientos "lentos" y poco alcohol...y si no,,, aquí ya se puede a tomar coca o en su defecto algún remedio para el mal de altura.
Próxima parada, Uyuni!
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