Su madre no sabía
ni quería saber de enfermedades y consideró que ya era una molestia insalvable
y mi vecina de abajo, la que me alquila la vivienda, lo recogió y haciéndose cargo
de él.
Con el paso de
los años Luis empezó a caminar, a hablar y a trabajar duramente en el campo con
su padre adoptivo o con algún patrón que le contratara por unos días o semanas.
Eso se sabe solo mirando las manos de Luis, grandes y marcadas.
El Sábado, quizás
el Viernes, Luis tenía ya 24 años. Ya se hacía entender bastante bien y tenía
una vida como la de sus padres adoptivos.
Sus aficiones, el
televisor a todo volumen y la música. Algún Sábado por la noche le gustaba ir a
un pequeño bar, donde tomaba unas cuantas cervezas, después de otras tantas.
Algo normal, algo bien recibido.
Mi vecina me
cuenta que Luis siempre le cogía de la mano cariñosamente, que la quería mucho
y que rezaba con ella a diario.
Este Sábado
pasado, quizás el Viernes lo mataron.
Encontraron su
cuerpo en medio del campo, entre esas cañas de azúcar que tantas cicatrices le
habían dejado en sus manos y brazos. Estas son sus últimas heridas, fueron un
total de no menos 10 machetazos.
No pudieron
velarlo, no pudieron verlo, las condiciones no lo aconsejaban.
El negocio de la
muerte apareció para sus padres adoptivos, pobres, trabajadores, sencillos. Más
800.000 pesos cuesta enterrar a un hijo que han cuidado y que ni si quiera han
podido despedirse de él.
El Martes pasado
Luis, me enseñaba su última herida en la muñeca. No podía ir a trabajar y se
sentía mal porque había quedado con un patrón por tres semanas de duro trabajo
cortando cañas de azúcar.
Su madre adoptiva
quería llamar a sus familiares, pero no podía hacerlo, no tenía dinero para
llamar.
Su madre adoptiva
explica que Dios, no le dio la oportunidad de poder tener hijos propios.Luis está enterrado desde esta mañana en su nicho de más de 800.000 pesos, con su nombre escrito a mano sobre una sencilla placa de cemento.
Se cuenta en el
pueblo, que el padre adoptivo anda sin descanso por todas partes. Día y noche.
Preguntando y buscando al asesino.
Asesino que tiene
nombre y apellido, pero que seguramente ya no encontrará nunca.
¿el motivo? Siempre
buscamos las razones. Para dar a Luis 10 machetazos o más, no existen los motivos.
Está historia
acabará donde acaban todas las historias de los pobres, en dolor íntimo, en
dolor inhumano, en dolor injusto.
Luis solo tenía
un sueño, trabajar duro en España, sin importarle las condiciones, decía que aquí,
“ya no tenía nada que hacer”.
Desde aquí, envío a Luis lo único que le puedo enviar, mis
pensamientos y el poco dolor que puedo tener en comparación con el de sus
padres adoptivos.
Una vida injusta
desde que naces hasta que mueres.. ¿ qué más puedo decir?.
Solo que allá
donde estés tengas tu recompensa de esta vida pasada.
Te deseo lo
mejor, te lo mereces.
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