Al llegar a
Medellín pensé en la canción “welcome to the jungle” del Sr. Axel Rose.
Cuando pienso en
una jungla me vienen a la mente ruidos extraños, animales desconocidos, miedo, laberintos
sin salida, etc.
Una ciudad como
Medellín, como la mayoría de las ciudades del mundo es una jungla. C
Claro que con algún
pequeño matiz diferente, utilizando la ironía.
Los ruidos
extraños de la jungla, aquí no son tan extraños. Ruidos del caótico tráfico.
Música a tope por todas partes. Vendedores y sus micrófonos ofreciendo sus
productos.
Los animales
desconocidos no son tan desconocidos ya que todos son de la misma especie,
aunque cierto que sin mucha relación entre ellos como ocurre en todos las
grandes citys.
El miedo es como
en las junglas y peor. El elemento sorpresa es constante, puedes morir
atropellado, atracado por un taxista, degollado por un carnicero o baleado por
error. Todo en un momento, como en las noches de la jungla donde el peligro es
constante.
Los laberintos
sin salida de la jungla son similares a los laberintos de los inacabables
barrios que se suceden por la ciudad. No tienen fin o si lo tienen es la su
propia jungla, así que otro símil más.
Hay muchas
similitudes entre una jungla de la selva y una jungla humana como esta. Solo
hay que saber cambiar los nombres y poner cada uno en su lugar.
Decir, que en la
jungla los animales matan por miedo a ser comidos o para comer. Aquí, en las
grandes ciudades las personas matan por falta de valores, por conseguir un
nuevo celular o simplemente porque así se ven más fuertes.
Dicho esto,
siempre he querido reencarnarme en otra vida en un “gato”, casero, gordo,
relajado y amado, pero ahora ya no me importaría regresar a esta vida como
cualquier animal de la auténtica jungla de la selva y no como cualquiera de los
animales de la jungla urbana.
Esto no es una
crítica a Medellín, esto es un repaso a todas las ciudades del mundo donde la
humanidad no tiene cabida, la tolerancia no saben lo que es y el respeto parece
ser una palabra que utilizaron los antiguos egipcios y que nunca más la palabra
pudo evolucionar.
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