jueves, 27 de octubre de 2011

Ayudar...

¿donde están los límites para ayudar a un ser querido?
Por los general, las personas a través de las experiencias de la vida nos hacemos "tacaños" en todos los aspectos. Pensamos en nuestras necesidades sin querer muy bien ser participes en la de los demás.
Es cierto que cada uno debe saber marcar su destino y que la suerte tiene que ser buscada. También es cierto que la vida te puede dar muchos portazos y entrar en rachas muy malas en las que necesitas algún tipo de ayuda.
Hay que aprender a pedirlas y también hay que aprender a no llegar a pedirlas. En cada uno de nosotros está los bordes que delimitan el bienestar o la desgracia.
Pasa en todos los planos, el personal y el económico.
Ayer escuchaba por la radio a una persona que a descubierto la infidelidad de su marido con otro hombre y que ahora vivía un amigo de el en la casa común de la pareja y preguntaba que debía hacer. Todas las decisiones son difícil de tomar, pero siempre deberíamos de tener la cabeza por delante ya que el corazón al final no piensa, solo siente y encima acaba doliendo.
En lo económico pasa lo mismo. Si tienes suerte porque te has preparado para una vida laboral rica, si simplemente es que eres un gran trabajador o igual es que por una herencia perdida te encuentras con plata, te puedes considerar una persona con suerte. Cierto que casi todo eso se busca, menos la herencia claro.
¿pero que ocurre si los demás son prioritarios a tu propia persona? ¿no te anulas o te olvidas de ti mismo?. Aunque tengas la suerte buscada de que te vaya bien, no siempre se debe ayudar, ya que muchas de estas ayudas no son más que para disimular un problema de gestión, de preparación, de no haber podido aprender... Por eso, la solución es encontrar las posibles soluciones y si estas vienen fácil sirven de poco.
Es difícil decir que no, más que decir que sí, pero en muchas ocasiones hay que ser rotundo y tener las ideas claras.
Las ayudas deben venir cuando de verdad son necesarias, por una desgracia, por un error de aprendizaje, por algo inesperado, pero no por la propia comodidad del afectado.
Si quiero comprar un coche, debo preguntarme antes para qué, porqué lo necesito, como lo puedo pagar, cuando costará el mantenimiento, cuando podré amortizar, parking, pinchazos... si lo que te preguntas es que quieres un coche de la ostia porque me gusta,,,, perfecto, arreglatelas.
Con las ong o fundaciones es lo mismo. Hay que saber muy bien donde uno entra, no hay que dejarse llevar por el marketing, la pena o la mala conciencia.
Aplicado a la necesidad real es diferente. La linea aquí es muy débil y te puedes equivocar. Debes afinar un poco más y mejor para no hacer daño o poder dar alguna alegría.
Cada uno debe de saber donde están los límites propios y luego entender el de los demás. Luego tomar su decisión sobre lo que hacer.
No somos más ni mejor que nadie. Nuestros problemas no son peores que los de los demás, ni tampoco son tan superficiales.

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